Por qué las mujeres invierten menos que los hombres

Según la CNMV, solo el 26% de las cuentas individuales que invierten en valores del IBEX 35 están a nombre de una mujer. Si miramos un estudio reciente de Triodos Bank, la diferencia también aparece: invierte el 23,3% de las mujeres españolas frente al 32,4% de los hombres.

Y según el Perfil del Inversor en España de 2025, las mujeres ya representan el 31% de las personas que invierten, aunque el patrimonio medio de los hombres sigue siendo bastante mayor.

Las cifras cambian dependiendo de qué estudio miremos, pero tampoco hace falta darle muchas vueltas para ver que todos apuntan en la misma dirección: las mujeres siguen invirtiendo menos que los hombres.

Ahora bien, ¿por qué pasa esto?

Los números

Antes de buscar una explicación, hay que entender que no todos estos estudios están midiendo exactamente lo mismo.

La CNMV habla de cuentas que invierten en valores del IBEX 35, por lo que analiza un grupo bastante concreto. Triodos, en cambio, pregunta directamente a la población si invierte en algún producto financiero, incluyendo muchas más formas de inversión.

Después tenemos el informe del Perfil del Inversor, que analiza a usuarios de plataformas de bróker online. Una persona que ya utiliza un bróker no tiene el mismo perfil que alguien que nunca ha invertido.

Por eso los porcentajes no coinciden.

No significa que una cifra esté bien y las otras estén mal, sino que cada estudio está mirando una parte diferente del problema. Lo interesante es que, aunque los números cambien, la diferencia entre hombres y mujeres aparece una y otra vez.

Menos dinero disponible, más cuidados

Aquí no hay una sola razón que explique todo. Hay varias cosas que se van juntando y que terminan afectando a la cantidad de dinero que una persona puede ahorrar e invertir.

La primera es bastante evidente: los ingresos.

La brecha salarial en la Unión Europea ronda el 12,7%, según la Comisión Europea. Si una persona gana menos durante años, también tiene menos margen para guardar dinero cada mes y, después, destinar una parte de ese ahorro a inversión.

Pero no solo hablamos del salario.

Las mujeres siguen asumiendo una mayor parte de los cuidados no remunerados, ya sea de hijos, familiares o de las propias tareas de casa. Esto puede traducirse en trabajar menos horas, tener que interrumpir una carrera profesional o pasar determinados periodos con unos ingresos más bajos.

Y claro, todo eso acaba afectando al ahorro.

Si durante diez o quince años tienes menos capacidad para guardar dinero, también tendrás menos capital disponible para invertir y aprovechar el crecimiento que puede generar una inversión mantenida durante mucho tiempo.

Después aparece otro factor que quizá se vea menos: la confianza.

La confianza también cuenta

Según un estudio de eToro, solo el 32% de las mujeres afirma sentirse segura de sus conocimientos sobre inversión.

Cuando una persona piensa que no sabe lo suficiente, es bastante normal que prefiera no tocar su dinero antes que cometer un error. El problema es que esperar a saberlo todo también puede convertirse en una excusa para no empezar nunca.

Entre quienes ya invierten también existe una pequeña diferencia en la elección de productos: el 36% de los hombres opta por renta variable frente al 31% de las mujeres.

Esto no significa que los hombres sepan invertir mejor ni que las mujeres sean incapaces de asumir riesgos. Puede ser simplemente que ellas perciban el riesgo de otra manera y prefieran tener una mayor sensación de seguridad antes de invertir.

El problema aparece cuando esa prudencia se lleva demasiado lejos.

Mantener durante muchos años una parte demasiado grande del dinero en productos con poca rentabilidad puede hacer que el patrimonio crezca menos. Y cuando hablamos de diez, veinte o treinta años, una diferencia pequeña puede acabar siendo bastante importante.

Y luego está el ambiente

Hay otra parte que resulta más difícil de medir, pero que también importa: cómo se ha construido el propio mundo de la inversión.

Durante décadas, bancos, fondos, medios especializados y empresas de inversión han estado formados principalmente por hombres. En el capital riesgo español, por ejemplo, solo el 12% de los socios de los fondos son mujeres.

Esto no significa que exista una puerta cerrada para ellas, pero sí que durante mucho tiempo la conversación alrededor del dinero se ha construido desde una perspectiva bastante masculina.

Además, el lenguaje utilizado tampoco ayuda siempre.

«Batir al mercado», «asumir riesgos», «ganar más» o «ir a por todas» son expresiones que aparecen constantemente cuando hablamos de inversión. Para algunas personas resultan motivadoras, pero para otras pueden hacer que todo parezca más complicado o agresivo de lo que realmente es.

Y si nunca has tenido a alguien cerca que te explique cómo funciona una inversión de forma sencilla, empezar puede dar bastante más respeto.

Invierten menos, pero aquí viene lo curioso

Hasta aquí parece que todo son desventajas.

Pero cuando miramos qué ocurre con las mujeres que sí invierten, aparece un dato bastante interesante.

Varios estudios, entre ellos uno de la Warwick Business School, han encontrado que las mujeres inversoras consiguen una rentabilidad casi un 2% superior a la de los hombres. No significa que tengan un talento especial para invertir ni que exista una fórmula secreta.

Tiene más que ver con cómo toman las decisiones. Las mujeres suelen operar con menos frecuencia, mantener sus inversiones durante más tiempo y pensarse más cada operación. Y aunque pueda parecer menos emocionante que comprar y vender constantemente, estos hábitos pueden jugar a favor cuando hablamos de inversiones a largo plazo.

Intentar adivinar qué hará el mercado mañana no suele ser una estrategia demasiado sencilla. Comprar porque todo el mundo está comprando tampoco garantiza nada, y vender en cuanto aparece una caída puede hacer que conviertas una pérdida temporal en una pérdida real.

Por eso resulta curioso que algo que muchas veces se interpreta como una desventaja, como ser más prudente o pensar más antes de invertir, pueda terminar ayudando a conseguir mejores resultados.

Poco a poco, esto está cambiando

El estudio de eToro también encontró un dato interesante: cuando se muestra a las mujeres que sus resultados de inversión superan a los de los hombres, el 51% dice sentirse más motivada para invertir.

Entre las mujeres que todavía no invierten, una de cada cuatro reconoce que ese dato despierta su curiosidad por aprender.

Y tiene bastante sentido.

No es lo mismo decirle a alguien que «le falta confianza» que enseñarle que quizá algunas de las características que ya tiene pueden ayudarle a invertir mejor.

Una conversación hace pensar que todavía no está preparada. La otra puede hacer que se pregunte qué pasaría si empezara a aprender.

¿Por dónde empezar?

Si todavía no has invertido nunca, tampoco necesitas convertirlo en algo complicado.

Puedes empezar con cantidades pequeñas y automatizar las aportaciones, como explicamos en la guía de microinversiones. No hace falta tener miles de euros preparados para dar el primer paso, aunque sí conviene entender qué estás comprando y qué riesgo estás asumiendo.

Una cantidad mensual que no te suponga un problema puede ser suficiente para empezar a crear el hábito. Automatizarla también ayuda, porque así no tienes que decidir cada mes si ahora es un buen momento o si deberías esperar.

Y ojo con la información que encuentras por internet.

Hay gente prometiendo rentabilidades enormes, inversiones «seguras» y métodos para ganar dinero rápidamente. Si algo parece demasiado fácil, normalmente merece la pena pararse y comprobar qué hay detrás antes de poner un solo euro.

Sobre todo, no confundas falta de experiencia con falta de capacidad.

No saber invertir hoy no significa que no puedas aprenderlo mañana.

La pregunta que deberíamos hacernos

Las mujeres invierten menos que los hombres, pero no existe una única razón que explique esta diferencia. Hay una brecha salarial, una mayor carga de cuidados no remunerados, diferencias en la percepción del riesgo y un sector financiero que durante mucho tiempo ha estado formado principalmente por hombres.

Pero cuando miramos a las mujeres que sí han decidido invertir, los datos cuentan una historia bastante diferente. Varios estudios encuentran que consiguen mejores rentabilidades medias que los hombres.

Quizá por eso la pregunta debería cambiar un poco.

En lugar de preguntarnos solamente por qué las mujeres invierten menos, también deberíamos preguntarnos qué está haciendo que muchas ni siquiera lleguen a empezar.

Porque capacidad para invertir no parece faltar.

En muchos casos falta algo mucho más sencillo: tener suficiente margen para ahorrar, encontrar información que se entienda y contar con la confianza necesaria para dar el primer paso.

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